Y Resulta que Victoria no era tan Victoria, era más bien Víctor. Este Lunes empieza nuestro quinto mes, con un poco menos de 2 k extras pero con una gran panza. El ombligo ya se me dio vuelta en la parte de arriba y no quiero imaginar como será después. Llevamos 4 semanas en el Norte, específicamente Camiña, un pueblo principalmente agrícola en la Región de Tarapacá. Estamos en la residencia a la que nos invitó el Consejo de la Cultura, un tema que probablemente abarque en otro post para poder explayarme mejor.
Me vine al Norte con una panza mínima, que incluso unos días antes del viaje disminuyó porque estuve muy enferma del estómago. Dejamos a mi compañero (mi pareja, probable amor de la vida y aún más importante, padre de mi hijo) trabajando en la Capital y por cosas de tiempo, viviendo su cumpleaños numero 24 en nuestra ausencia.
En este mes que llevo acá, he formado un lazo muy fuerte con mi bebé. Hasta el momento, los 4 meses que llevábamos compartiendo cuerpo habían sido bastante nuevos (dah, madre primeriza), y si bien mis deseos de formar una familia con mi compañero eran enormes, debo ser honesta y decir que hasta el momento no había sentido ese "lazo de amor incondicional" con mi guagua. Siempre he creído que la sociedad en momentos como éste te impone un montón de cosas aparte de estereotipos o artículos que debes comprar para ser una buena madre, y el asunto empieza a ser más complejo cuando te imponen sentimientos o formas de mantenerte psicológicamente durante el embarazo. Bueno, yo por mi parte aún no sentía nada de eso. Le tenía cariño a esa cosa que crecía dentro de mi (que no notaba hasta que me hacían las ecografías) pero más allá de eso, nada. No me sentía futura madre ni sentía ese lazo que mencioné unas lineas antes, quizás como modo de defensa ante una pérdida o algo por el estilo o simplemente porque no se daba y no tenía tiempo para pensar en esas cosas.
Pero acá en Camiña la cosa se fue dando de otra manera. Todo era nuevo, había mucho trabajo que hacer y me encontraba sola (hablando de la soledad emocional). No puedo competir con los lazos de mis compañeros, curtidos por años mientras que yo llevo un par de meses trabajando con ellos. Los he conocido mucho en este mes evidentemente y tengo más sintonía con unos que con otros pero en un mes no se cultiva una amistad tan fuerte.
Mas tuve la suerte de que Víctor empezó a crecer rápido y a moverse mucho, empecé a diferenciar sus partes (más que nada la cabeza) y en ese momento empecé tener certeza de su existencia como ser en mi vida. Me pasó más de alguna vez que hablaba con mi compañero por teléfono y quizás mi felicidad era tan grande que Víctor empezaba a moverse. Un día se me ocurrió empezar a tocar mi panza, recorriendo su "contorno" con curiosidad y bueno, el me respondía moviéndose fuerte, a veces de manera repetitiva. Seguí esta dinámica todas las noches cuando iba a acostarme y en ese proceso empecé a notar que a ciertas horas se movía más de lo normal, y que pasada tal hora, se acurrucaba en la parte baja de mi vientre, haciendo que se me saliera un bulto muy extraño entre la línea de la cadera y la del ombligo. Empecé a susurrarle, y en esta soledad, en la que me veía completamente entregada a esta protopersonita que sólo me conocía a mi, nuestro lazo se volvió muy fuerte.
Ahora muero de ansiedad porque mi compañero pueda sentir cómo se mueve nuestro hijo. Quiero saber cómo se mueve cuando le habla o cuando lo toca.
Ahora que lo pienso, no sé si si hubiese podido mantenerme tan bien anímicamente en una situación de este tipo si no hubiese estado embarazada. Creí que sería más difícil, que la distancia dolería más al sentir que apartaba a mi compañero de toda esta experiencia, pero sin duda fue prácticamente todo lo contrario. Su compañía me mantuvo cuerda, mi reflejo en las ventanas me hacía visibilizar el paso del tiempo y esos momentos que teníamos para nosotros dos solos fueron prácticamente un salvavidas para poder mantenerme a flote.
En resumen, debo decir que soy feliz, que lo he pasado bien en este mes, hemos tenido experiencias nuevas, conocido gente nueva y culturas nuevas. Hemos escuchado y vibrado con música andina preciosa, con bronces y bombos sonando desde el alma de sus intérpretes y sin duda, he aprendido mucho sobre la práctica artística.
Todo es bello, la estancia es bella, mi regreso es bello y Victor es precioso.
Creo no tener nada más que decir por el día de hoy.
Me vine al Norte con una panza mínima, que incluso unos días antes del viaje disminuyó porque estuve muy enferma del estómago. Dejamos a mi compañero (mi pareja, probable amor de la vida y aún más importante, padre de mi hijo) trabajando en la Capital y por cosas de tiempo, viviendo su cumpleaños numero 24 en nuestra ausencia.
En este mes que llevo acá, he formado un lazo muy fuerte con mi bebé. Hasta el momento, los 4 meses que llevábamos compartiendo cuerpo habían sido bastante nuevos (dah, madre primeriza), y si bien mis deseos de formar una familia con mi compañero eran enormes, debo ser honesta y decir que hasta el momento no había sentido ese "lazo de amor incondicional" con mi guagua. Siempre he creído que la sociedad en momentos como éste te impone un montón de cosas aparte de estereotipos o artículos que debes comprar para ser una buena madre, y el asunto empieza a ser más complejo cuando te imponen sentimientos o formas de mantenerte psicológicamente durante el embarazo. Bueno, yo por mi parte aún no sentía nada de eso. Le tenía cariño a esa cosa que crecía dentro de mi (que no notaba hasta que me hacían las ecografías) pero más allá de eso, nada. No me sentía futura madre ni sentía ese lazo que mencioné unas lineas antes, quizás como modo de defensa ante una pérdida o algo por el estilo o simplemente porque no se daba y no tenía tiempo para pensar en esas cosas.
Pero acá en Camiña la cosa se fue dando de otra manera. Todo era nuevo, había mucho trabajo que hacer y me encontraba sola (hablando de la soledad emocional). No puedo competir con los lazos de mis compañeros, curtidos por años mientras que yo llevo un par de meses trabajando con ellos. Los he conocido mucho en este mes evidentemente y tengo más sintonía con unos que con otros pero en un mes no se cultiva una amistad tan fuerte.
Mas tuve la suerte de que Víctor empezó a crecer rápido y a moverse mucho, empecé a diferenciar sus partes (más que nada la cabeza) y en ese momento empecé tener certeza de su existencia como ser en mi vida. Me pasó más de alguna vez que hablaba con mi compañero por teléfono y quizás mi felicidad era tan grande que Víctor empezaba a moverse. Un día se me ocurrió empezar a tocar mi panza, recorriendo su "contorno" con curiosidad y bueno, el me respondía moviéndose fuerte, a veces de manera repetitiva. Seguí esta dinámica todas las noches cuando iba a acostarme y en ese proceso empecé a notar que a ciertas horas se movía más de lo normal, y que pasada tal hora, se acurrucaba en la parte baja de mi vientre, haciendo que se me saliera un bulto muy extraño entre la línea de la cadera y la del ombligo. Empecé a susurrarle, y en esta soledad, en la que me veía completamente entregada a esta protopersonita que sólo me conocía a mi, nuestro lazo se volvió muy fuerte.
Ahora muero de ansiedad porque mi compañero pueda sentir cómo se mueve nuestro hijo. Quiero saber cómo se mueve cuando le habla o cuando lo toca.
Ahora que lo pienso, no sé si si hubiese podido mantenerme tan bien anímicamente en una situación de este tipo si no hubiese estado embarazada. Creí que sería más difícil, que la distancia dolería más al sentir que apartaba a mi compañero de toda esta experiencia, pero sin duda fue prácticamente todo lo contrario. Su compañía me mantuvo cuerda, mi reflejo en las ventanas me hacía visibilizar el paso del tiempo y esos momentos que teníamos para nosotros dos solos fueron prácticamente un salvavidas para poder mantenerme a flote.
En resumen, debo decir que soy feliz, que lo he pasado bien en este mes, hemos tenido experiencias nuevas, conocido gente nueva y culturas nuevas. Hemos escuchado y vibrado con música andina preciosa, con bronces y bombos sonando desde el alma de sus intérpretes y sin duda, he aprendido mucho sobre la práctica artística.
Todo es bello, la estancia es bella, mi regreso es bello y Victor es precioso.
Creo no tener nada más que decir por el día de hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario